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Luzmila Quezada
María Fernanda Román
Claudio Villacorta
Mauricio Contreras
domingo, 17 de octubre de 2010
Caligramas
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Charlie Caballero
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Etiquetas: caligramas, María Fernanda Román, Mauricio Contreras, poesía
sábado, 16 de octubre de 2010
Creación poética
(César Pancorvo)
Confesión y entrega
Y el corazón,
Cual tambor en mi pecho,
Con la carne mortal con que buscamos
Saciar nuestras dudas y complejos,
Me sigue a donde voy y me sirve de guía.
Dentro de mí, palpita, cual flor y su fruto,
Y hay pavor, pero no lágrimas,
En el lugar donde no hay telón
Y los gritos atraviesan los techos
A la vez que traspasan las sombras
Mientras que al cielo se le ensamblaba la luna.
Ella, descalza, camina hacia mis sombras,
Mientras me dispongo a naufragar en sus primeras olas;
En la paciencia del mundo, madurada despacio,
Me confiesa que, de noche, sola, se casa con la cama
Mientras muchachos y muchachas son una cada noche
Y se comen mutuamente hasta estar saciados.
Las criaturas de momentáneo destello están llenas de mentiras.
Hoy son las manos de la memoria, mañana las del cinismo.
Mas mi tacto, disuelto en tu corriente,
Suave y redonda corriente,
Por las rodillas y más allá pasa;
Insustentable tacto donde el amor flamea
Y va creciendo hasta llevar,
Cual amarillas y sueltas telas,
Ese calor vagabundo;
Imposible es hablarte
Al uno adentrarse atrevidamente
En ese bosque de pulsaciones y espesura.
(Claudio Villacorta)
Calvario
El cuerpo es infinito y melodía a la muerte,
Viviendo (y muriendo) cada día.
Me despliego. Crucifico.
Mi vida ha sido esperarte,
Pero ahora no tiene más que darte.
Como eterno atardecer de felino
Y con el peso de una piedra entre las manos,
El peso de la tarde y la felicidad triste de mi corazón fiel,
Los dedos se lo creen
De noche, solo, me caso con la cama
Y así me acueste, mi vida ha sido conocerte
Me despliego. Crucifico.
De la cabeza a los pies estoy de blanco,
Cuando sopla el invierno o el verano
Y parezca que nada queda entre las manos;
Tras ellas está mi habitación
rica y sombría y es ahí donde
Me despliego. Crucifico.
Sólo quiero ser franco y saber que tú eres franca,
Quedarme en tu recuerdo
Y ser dóciles al amor que nos revive
Pero no,
Se acabó, digo, y me alejo de la iglesia,
Rehusando la rígida procesión a la sepultura
Y encuentro un deslumbrado círculo vacío
Y encuentro un desgastado amarillo
Y encuentro tu corazón herido.
Me despliego. Crucifico.
(Luis Guevara)
La cruz del sur
Arcano sueño, del lirio
Uno de esos blancos días de verano
¿Su nombre? Recuerdo que es dulce y sonoro
¿Qué cielo? El cielo…
Eco espacial
Sueños y luces distantes
Reflejos del Océano callado
Cruz de luces
Mañana sin fin, eterna noche
Voces que cruzan horizontes,
susurros lunares,
reposan en espejos azules.
(Mauricio Contreras)
[sin título]
Imagino,
Lenta y silenciosa
Tras los árboles
Cinturones y medias negras,
No son de rebeldía.
Lento y tenaz el día sumergido,
Con oblicuas, perezosas miradas,
Recuerdo de una piedra
Que hubo junto a un arroyo
Al final del asunto siempre es la muerte,
Y si tu alma, muerte, nos coloca ante ti,
Desea que sea largo el camino.
(María Fernanda Román)
[sin título]
Pronto nos iremos, que las horas pasen
Angustias hechas tactos ardorosos
Llamas rosadas en la mano derecha
¡O nuestra vida o nuestra muerte!
¡O nuestra vida o nuestra muerte!
Un puente indestructible, persiste aún
Como una bala encasquillada,y hay candado pero no llaves
Y así toque mi quena para engañarme, así
En mi párpado late pasado
¡O nuestra vida o nuestra muerte!
¡O nuestra vida o nuestra muerte!
La vibración, a vivir otra vez sobre su vientre
Dejad a los muertos viajar solos en el coche fúnebre
¡O nuestra vida o nuestra muerte!
¡O nuestra mística o nada!
(Diego Rodríguez D.)
[sin título]
Así viva feliz sentada sobre el triunfo
con palillos envueltos en azúcar
rosada.
Dentro de mí, como lento
atardecer de felino
Está mi alma aprisionada,
bajo una piedra de un amor
evolutivo, que subsiste
carente de toda lógica,
en un estómago lleno, como un cóndor saciado,
¿Qué haré conmigo?
No sé cómo liberar este espacio de caricias que no se repiten
de rosas rojo sangre rojo púrpura
de soles que se derraman desde el cielo
de todo lo que se me escapa
de silencios de cuatro años
crepusculares
del calor que me sube a la frente
con su voz, lejana, calma y grave
para poder respirar y alimentarme
de ti.
(Jocelyn Vilela)
[sin título]
Y ahora que te has marchado
se acerca tu voz y me abraza
qué importa que las horas pasen
el quedarme en tu, no sé cómo, teje sueños exhaustos
con los que escapo de mi cuerpo dormido
Mi cabeza se entrega y va tras tu sombra
la sombra trémula que sube por la calle solitaria de olvido
mi cabeza, tras tu sombra, gira ciega
sin temor, ni abismos, gira, gira
e inicio una canción interminable de triunfo.
Pero quedarme en ti, a veces,
me aturde
como el revolcón de una ola envolvente
que a mis labios deja besando la arena
y me arranca, como pétalos, los sueños tejidos
zarpazos que se hunden en el espanto
de no saber cuándo huir
y que te vacían de toda gloria.
(Luzmila Quezada)
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Charlie Caballero
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viernes, 24 de septiembre de 2010
Ambientación: producción
César Pancorvo
Claudio Villacorta
Fred Mauricio Contreras Valle
En una tarde, cuando el sol estaba a punto de ocultarse , un auto gris se asoma por la carretera. Una mujer estaba dentro de él. Con ojos saltones y vidriosos, apretaba fuerte el timón. Una mezcla de cólera y resignación se traslucía por los ojos de Susana. La velocidad aumentaba cada minuto, una curva frustra la trayectoria del auto, frena, todo había terminado.
El auto va por la autopista, ya está atardeciendo después de haber sido una mañana soleada; el cielo despejado y las palmeras le dan una imagen paradisiaca que contrasta con la cantidad de tiendas instaladas a lo largo de la avenida.
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Charlie Caballero
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sábado, 18 de septiembre de 2010
El inicio: producción
Mauricio Contreras Valle
Antes de que alguien pudiera notarlo, cargué mi guitarra al hombro, tomé de la mano a Katy y salimos afuera bajo la lluvia. Corrimos sin detenernos hasta encontrar una tienda donde conseguimos nueva ropa para pasar desapercibidos. Como no quería gastar dinero, dejé la ropa húmeda; salimos disimuladamente y subimos al primer autobús que casi nos atropella.
Rodrigo Cueva
Allí estaba Marcelo Molina, en un lugar que olía a cigarrillo; sentado en una silla y esposado, mientras la luz de una lámpara iluminaba todo su rostro. A sus 18 años, se enfrentaría a situaciones que otros demorarían mucho tiempo en descubrir. Una de ellas estaba frente a él y haría que su vida se tornara un infierno.
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Charlie Caballero
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